Personas particularmente vulnerables

La violencia de los hombres no se ejerce contra un grupo específico de mujeres, pero puede afectar en especial a ciertos colectivos como consecuencia de su discriminación y marginación. En muchos casos, la violencia dirigida contra personas pertenecientes a grupos particularmente expuestos presenta un aspecto similar a la ejercida sobre individuos no adscritos a estos, aunque puede también adoptar expresiones determinadas o conllevar consecuencias concretas. Los grupos siguientes han sido identificados como particularmente expuestos en función de los criterios de invisibilidad, dependencia y vulnerabilidad.

Personas LGBTQ: La violencia contra individuos LGBTQ (por ejemplo, dentro de relaciones entre personas del mismo sexo) suele dirigirse hacia la orientación sexual o identidad de género de la persona. Puede manifestarse por medio de amenazas en lo que respecta a revelar la orientación sexual o identidad de género de una persona contra la voluntad de esta. Existe el riesgo de que la concepción heteronormativa de la violencia en las relaciones cercanas nos lleve a invisibilizar la ejercida contra las personas LGBTQ y a restringir el acceso a las medidas de protección y apoyo.

Mujeres jóvenes: Las mujeres jóvenes están expuestas en mayor medida que otros grupos de edad a la violencia en relaciones cercanas y a la violencia sexual. Además, las chicas jóvenes sienten un mayor temor de convertirse en víctimas de la violencia que los varones de su edad, lo que, en combinación con su vulnerabilidad objetiva, puede provocar una tensión emocional considerable. La violencia dirigida contra las mujeres jóvenes puede adoptar expresiones específicas, entre otras, la propagación de rumores por internet o la difusión de imágenes íntimas contra la voluntad de la mujer.

Mujeres mayores: La violencia dirigida contra las mujeres de mayor edad suele caracterizarse por la fuerte dependencia existente entre la víctima y el perpetrador. Además, las mujeres mayores víctimas de violencia pueden haber sido condicionadas socialmente para no hablar sobre lo que ocurre en el hogar. También puede imponerse la noción de que las mujeres mayores no son víctimas de violencia en general, ni sexual en particular, y de que los hombres mayores no son capaces de ejercerla.

Mujeres con discapacidades: Los actos violentos practicados contra mujeres con discapacidades pueden cometerlos no solo su pareja, sino también un familiar u otra persona de quien la mujer es dependiente. Ello incluye, por ejemplo, el personal de residencias asistidas y del servicio de cuidados domiciliarios, o los asistentes personales. La violencia puede dirigirse hacia la discapacidad, por ejemplo, exigiendo sexo a cambio de medicamentos, o cambiando las cosas de lugar en la casa de una persona con discapacidad visual. Además, las mujeres con discapacidades pueden desconocer sus derechos y tener dificultades para expresarse.

Mujeres de origen extranjero: La discriminación, la segregación, las dificultades lingüísticas y la falta de redes de contacto pueden complicar la búsqueda de ayuda a las mujeres de procedencia extranjera. También es posible que la pareja que ejerce la violencia se aproveche de esto para reforzar el aislamiento de la mujer. Por otra parte, las mujeres de origen extranjero pueden desconocer sus derechos y el sistema legal sueco.

Mujeres con problemas de adicción: La violencia suele constituir un elemento habitual en el día a día de las mujeres adictas. Además de por parte de su pareja, pueden sufrir violencia de, por ejemplo, el personal asistencial, la policía o los guardias de seguridad. A menudo, las mujeres con problemas de adicción son muy dependientes de los perpetradores de la violencia, ya que estos pueden ser sus abastecedores de droga. La vulnerabilidad de dichas mujeres tiende a disminuir en su contacto con las iniciativas de apoyo, puesto que la violencia suele ser considerada como una consecuencia de la adicción.

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